La Bombonera habló. Otra vez. Y lo hizo con bronca, con desahogo y con mensajes que no dejaron dudas: “que se vayan todos” y “la comisión se va a la p… que lo parió” volvieron a bajar con fuerza desde las tribunas, tras la eliminación de Boca en los cuartos del Torneo Apertura. El Consejo de Fútbol, con Riquelme a la cabeza, acusó recibo. Y ya trabaja a contrarreloj para cerrar un nuevo DT.
Fueron dos partidos distintos, pero el mismo clima caliente. Boca quedó afuera primero con Lanús por penales y ahora perdió el clásico con Independiente por 1-0. Y en ambas ocasiones, el hincha estalló. Esta vez, los silbidos e insultos alcanzaron a todos, pero especialmente apuntaron contra la dirigencia. La figura de Román, que siempre fue intocable, empieza a sentir el desgaste.
Hace solo unos días, desde Paraguay, donde participó del Congreso de la FIFA, el propio Riquelme les pedía a los hinchas que “no se dejen llenar la cabeza”. Pero la respuesta en La Bombonera fue contundente. Apenas terminó el partido, retumbó el ya clásico “que no quede ni uno solo”, y luego volvió el canto más duro dirigido al Consejo. Esta fue la segunda vez en pocos días que la casa del ídolo se convierte en escenario de reprobación directa.
El 2024 ya terminó sin títulos. Y el arranque de 2025, lejos de mostrar señales de mejora, sigue el mismo camino. La chapa de ídolo de Román sigue firme, pero el brillo empieza a opacarse en medio de una realidad futbolística gris.
Aunque las cámaras no lo mostraron reaccionando, quienes lo conocen aseguran que Riquelme estaba hecho un manojo de nervios. Se lo vio tomando mates, de espaldas a la cancha, en lo que pareció un intento de calmarse mientras el estadio hervía. Pero los insultos no le fueron indiferentes.
Su hermano Cristian, una pieza clave en el Consejo, también reflejaba la tensión: cabizbajo, comiéndose las uñas, la mirada perdida. Mientras tanto, en el palco contiguo, el resto del Consejo conversaba a puertas cerradas.
En las próximas horas, Román seguirá reuniéndose con los dirigentes. La prioridad es una sola: encontrar cuanto antes un técnico que tome las riendas de un equipo golpeado y le dé forma a un nuevo rumbo. El ciclo de Mariano Herrón como interino está en cuenta regresiva, y el margen de error es prácticamente nulo.
En la libreta de Riquelme hay tres nombres que suenan fuerte:
- Gustavo Quinteros, reciente campeón con Vélez y libre tras su breve paso por Gremio.
- Kily González, con pasado xeneize y sin club desde su salida de Unión.
- Miguel Ángel Russo, uno de los pocos hombres en los que Román confía a ciegas, aunque hoy tiene contrato y está en semifinales con San Lorenzo.
El hincha ya no espera. Y Román lo sabe.
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